Fui de la generación que, de niño, vio la primera película de Spider-Man con Tobey Maguire. Escuchamos de labios del tío Ben esa frase que hoy, como adulto, activista y comunicador, cobra un nuevo sentido para mí: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Mi 2025 cerró con una intensidad enorme: con proyectos que esperé durante años, un viaje largo y complicado, y una sobrecarga de estrés y trabajo que me hizo replantearme cosas fundamentales. Vivimos en una era donde las redes sociales son un arma de doble filo: nos permiten informar y unirnos, pero también nos empujan a caer en el espejismo de mostrar vidas perfectas o actuadas, ocultando el agotamiento real detrás de una sonrisa.

Como creador con discapacidad, he tenido el poder mediático de llegar a muchas personas a través de El Canal de Emiliano. Es vital ser visible para una comunidad que durante mucho tiempo fue invisibilizada, pero eso también implica la carga de ser visto constantemente como una figura de admiración exagerada. Existe una línea muy delgada entre el reconocimiento auténtico y la inspiración forzada, donde mi naturaleza humana se distorsiona: mis fallas y vulnerabilidades se minimizan, mientras que mis aciertos cotidianos se maximizan de manera capacitista.

Hay personas, por ejemplo, que me escriben para pedir ayuda o gestiones, e incluso para hacerme reclamos por situaciones que no están bajo mi control. Es válido, pero yo tampoco soy todopoderoso. Por lo general, soy optimista, pero debo confesar que a veces me he obligado a sonreír y mostrar fortaleza frente a la cámara cuando en realidad no me sentía bien. Ser activista e ir contracorriente es desgastante, tanto física como emocionalmente; en medio de tanta presión, mi cuerpo me recordó que no debo cargar con una responsabilidad tan grande a costa de mi salud.

Tengo muchos planes y muchas ganas de seguir levantando la voz por las causas que defiendo, pero este 2026 lo inicio con calma. No tengo una lista de propósitos imposibles. Estoy aterrizando en que mi salud es la prioridad, y quiero llegar a ustedes con una versión más realista de mí mismo.

Recapitulando: soy Emiliano. Vivo con una condición de parálisis cerebral severa. Tengo un carácter positivo y, sin embargo, no siempre podré sonreír. Soy fuerte, pero también tendré momentos de cansancio y tristeza, y no los voy a ocultar. Mostrar la vulnerabilidad es también una forma de resistencia y de autenticidad.

Mi discapacidad no me define como persona; soy el resultado de mis circunstancias y de mis decisiones. Recibo este 2026 con la claridad de que cada paso forma parte de un camino más amplio. Durante mucho tiempo, la discapacidad ha sido narrada desde la lástima; yo propongo una mirada desde la vida cotidiana, con sus retos y alegrías, sin disfraces ni exageraciones.

Desde El Canal de Emiliano, deseo para toda nuestra comunidad amor, salud y las herramientas necesarias para una vida digna. Porque la dignidad no es un privilegio, sino un derecho que debemos defender juntos.

Gracias por leerme.

Por Emiliano TEC
Una colaboración de El Canal de Emiliano en alianza con La Isla TV

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